JUAN PABLO ZAMORA PÉREZ

(Actopan, Hidalgo, México; 09 de Septiembre 1976):

Egresado de la Universidad Autónoma de Sinaloa de la licenciatura en Comunicación.

Desde 2001 comenzó a laborar como fotógrafo freelance en los periódicos Noroeste, Primera Hora; y es en El Debate de Mazatlán. Luego se traslada a la Ciudad de México para incorporarse a la Agencia Fotográfica Cuartoscuro, hasta agosto de 2004.

Posteriormente forma parte de las secciones Nacional y Ciudad del Periódico Reforma hasta diciembre de 2010.

Ha incursionado en la fotografía de eventos sociales. En 2014 fue nombrado encargado del Departamento de Fotografía de la Coordinación General de Comunicación Social de la Secretaría de Agricultura (SADER), donde actualmente se desempeña.

Ha participado en diversas muestras fotográficas individuales y colectivas como la "V Bienal de Fotoperiodismo" , 200. Expo foto Callejera, Ciudad de México,2005. "La Ciudad y sus Quinceañeras", exposición colectiva del INJUVE DF, en el Centro Cultural “El Sub”, 2011.

En 2012, Juan Pablo Zamora presentó la exposición "Sueños Rotos" en la Ciudad de Progreso, Hidalgo.

Otro recinto donde ha mostrado su trabajo ha sido el Bar Allende Red en 2011, "Patria es de quién la trabaja y un pecaminoso anexo" y "Solovino. De perros niños y muerte", 2014.

Ha tenido la oportunidad de que sus fotografias vayan en portada e interiores de libros como:

"Atenco, el peso del poder y el contrapeso de la resistencia civil". Cristina Alcayaga, Editorial Miguel Ángel Porrúa. 2002.

Número especial de Cuadernos Agrarios “¡El Campo no aguanta más!” México 2003, editado por Cuadernos Agrarios A.C. 2003.

“Imágenes de la tradición viva”. Carlos Monsiváis, Fondo de Cultura Económica, pp. 672, 2006.

Portada e interiores de la revista literaria independiente Los Bastardos de la Uva, Año 2, número 8, enero-marzo, México 2012.

Algunos números de la Revista de Fotografía Cuartoscuro.

Su labor fotográfica le valió recibir el Segundo Lugar del 2o Concurso de Fotografía Nacional Cuartoscuro “¡Tianguis y mercados, sabores y colores!” 2011.

Además ha sido miembro del comité organizador de la Exposición titulada “Callejera”, Ciudad de México en la unidad del Servicio de Transportes Eléctricos (trolebús), 2008 y organizador del colectivo Expofotoperiodismo. Así como parte del comité organizador de la exposición Mirar CO 14 y Mirar Cuartoscuro 2013 expuesta en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la UNAM, Fototeca Pedro Valtierra de Zacatecas, Pasillos de la Linea 2 del Metro, entre otros espacios.

Las semillas y los pasos de "mi caminito" (Mañutzi)

Mañutzi: Nombre original en lengua Hñä Hñu que se le da a la región de Actopan, Hidalgo. Del posesivo “ma” que significa “mi”, “un” que significa” camino” e “itzi”: diminuto. Por lo tanto mañutzi significa: “mi caminito”.

Desde que la razón acompaña a quien esto escribe, las anécdotas y dichos de nuestra madre siempre han girado en torno al campo, lugar en el que ella creció y vivió. Me refiero al municipio de Actopan, ubicado en el Valle del Mezquital, en el Estado de Hidalgo y del que han emigrado muchos de sus pobladores en busca de mejores oportunidades.

Con los años, el "terruño" dio paso a la urbanización y la modernidad. Bajo el manto de esa semiruralidad es que fueron sembradas nuestras semillas. La “polvadera” hizo germinar nuestra imaginación para construir mundos a partir de las anécdotas maternales.

Nuestra madre, como encantadora de palabras, nos deleitaba siempre con sabrosas historias aderezadas con salsas de xoconostle que nos transportaban mágicamente a esa sociedad rural del México posrevolucionario.

En el cielo del Valle del Mezquital, las nubes dan pie, a formas caprichosas, adquieren vida y movimiento, borregos, gallos, elefantes, simples bolas de algodón se disuelven hasta perderse al horizonte. También están presentes las narraciones fantásticas de familiares, conocidos y las inspiradas en las páginas de los libros.

El aroma a tierra barbechada y mojada por la lluvia, petricor le nombran algunos. La mañana y su aroma a plantas húmedas por el rocío; los colores del atardecer, A veces el chillido del ganado o el ladrido de los perros por la noche, el murmullo de las aves, como banda sonora de esa niñez llena de polvo y verdor del jehuite entre las ropas; los elotes recién cortados, esos que en la inocente infancia ilegalmente arrancábamos a la orilla de alguna vereda y echábamos a correr y correr para que nadie nos regañara.

Así, la siembra de este amor por el campo, sus costumbres y el posterior conocimiento de otras maneras de vivirlo, observarlo, olfatearlo y mostrarlo a través de los ojos, con este vehículo -vínculo directo entre el ensueño y la realidad.

El manto azul alcanzado por esta escalera mecánica que es la cámara; desde el suelo polvoriento de magueyes y cardones. De sueños arrullados por mezquites y pirules; hasta llegar al canto de las estrellas, a la caricia del viento en comparsa con el Sol.

Esa mirada germinada en alquimia y sales de plata primero, y en unidades digitales después. Semillas arrastradas por el viento, tiempo y circunstancias; descubriendo paisajes y costumbres apasionantes.

El amor por la tierra germina y florece de las benditas semillas visuales y de los recuerdos de nuestra madre, capturados por la lente para obtener, cual frutos, su cosecha: hermosas fotografías.

A manera de la parábola del hijo pródigo, siempre regresamos a este campo tan amado, acompañados de una cámara que nos permite mostrar la vida, el llanto, los andares y tradiciones de este hermoso lugar en el que germinamos y probablemente volvamos a quedar como tierra para siembra, aprovechada en otros cultivos, en otras miradas.

Da click en la imagen para que puedas verla completa.

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